union station toronto

Llegar en tren a Toronto: (The Canadian VIII)

Nuestro viaje en tren de Vancouver a Toronto está tocando a su fin. Después de atravesar la región de Ontario, la última noche del trayecto nos deja ya a las puertas de Toronto, la capital de la provincia y ciudad más poblada de Canadá. Es el momento de ir recogiendo nuestras cosas y volver a acostumbrarse a la vida urbana después de días de tren atravesando paisajes nevados.

Después de la parada nocturna, cerré los ojos e intenté dormir. No es fácil tener un sueño ininterrumpido, pero sí que se pueden acabar uniendo periodos de sueño de varias horas hasta completar toda la noche. Básicamente, el cuerpo puede descansar. El vagón del tren es cómodo y no está muy saturado. Los problemas vienen de las piernas, que se colocan en posiciones inverosímiles y cada hora o dos horas se agarrotan, duelen y reclaman una nueva postura desde la que volver a comenzar el proceso.

Esta vez he conseguido dormir sin las dificultades del día anterior. Mi vecino de fila ya había dado muestras de su potencial roncador durante la siesta de la tarde, pero esta vez conseguí dormirme yo antes y caer en un sueño lo suficientemente profundo como para no darme cuenta de sus ronquidos posteriores, si es que los hubo.

Así, por la mañana, uno se levanta bastante bien descansado, pero con las piernas doloridas; dolor, que dicho sea de paso, desaparece con los primeros pasos hacia el cuarto de baño o al vagón donde está el bar para ir a tomar el primer café de la mañana.

El paisaje de estas primeras horas de la mañana está cambiando. No tanto por los árboles, que los sigue habiendo, sino porque la nieve ha pasado de cubrirlo todo a dejar tan sólo manchas blancas sobre la tierra. Incluso se pueden distinguir ya los charcos helados. Empiezan a aparecer, también más signos de vida: algunas casas más a los lados de la vía u ocasionales carreteras que transcurren unos kilómetros paralelas a la vía. El día se ha levantado gris y llueve ligeramente.

Recogiendo un pequeño campamento al llegar a Toronto

Me he despertado a algo menos de tres horas de llegar a Toronto y estoy haciendo todo lo posible para prolongar el momento en el que tendré que empezar a recoger toda la parafernalia que he distribuido alrededor de los dos asientos que he ocupado durante el recorrido. Ropa, cables, aparatos electrónicos, cargadores, papeles… No obstante, voy a por el café de la mañana y veo que todos los  estamos igual: ropa, mantas y aparatos varios dispersos por los asientos del tren, mientras los pasajeros apuran las últimas horas de sueño.

El viaje ha sido menos aburrido de lo que pensaba, aunque es cierto que –a medida que se acerca el destino- tanto el cansancio como las ganas de llegar a Toronto van aumentando.

Durante la última media hora de viaje, vemos los rascacielos de Toronto en el horizonte. Más porque pasamos muchos minutos parados en la vía antes de entrar a la estación que porque se vean de lejos. La gente aprovecha los últimos minutos para recoger frenéticamente y cuando paseas por el pasillo ves que, donde antes había batiburrillos de ropa al lado de los pasajeros, ahora hay mochilas y bolsas recogidas.

Tren Toronto Vancouver

El anuncio de nuestra llegada a Toronto

Al entrar en la Union Station de Toronto, llama la atención lo rápido que se vacía el tren y cómo, en cuestión de segundos, el que ha sido mi hogar durante las últimas cuatro noches queda vacío y silencioso. Los pasajeros, mientras, vamos hacia la cinta de los equipajes y, cinco minutos después, con nuestra maleta en la mano, encaramos la rampa hasta el amplio y monumental vestíbulo de la estación principal de Toronto.

Es ahora cuando realmente empieza a notarse el cansancio del viaje, cuando tiras de la maleta por las calles de Toronto en busca del hotel. Una vez que llegas, la ducha y la ropa limpia acaban de rematarte y el agotamiento se lanza a por lo que queda de tu voluntad de hacer turismo. En Toronto no se ven rastros de nieve y el tiempo es gris, pero no demasiado frío. La vida de la ciudad contrasta mucho con la nada que nos ha acompañado durante la mayor parte de nuestro viaje.

Incluso, hay momentos en los que, sentado, la habitual inmovilidad del suelo se convierte en algo inusual, acostumbrado como estabas al traqueteo del tren.

Tardas un par de días en recuperarte del todo del cansancio del viaje, pero la primera noche de sueño es reparadora. Es a partir de entonces cuando vuelven a la memoria paisajes y anécdotas de los últimos días y te empiezas a dar cuenta de la magnitud de la experiencia viajera que has vivido en The Canadian, el tren de Vancouver a Toronto. Una experiencia única que recomiendo a todo el que pueda hacerla.

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Esta es la narración del viaje que fui haciendo desde el tren en las diferentes etapas, pero aquí no acaba mi narración de la experiencia The Canadian. Durante todo el recorrido, me acompañó una cámara de vídeo con la que fui grabando los detalles que más me impresionaron del viaje.

En el siguiente artículo podréis encontrar el vídeo completo de mi viaje en tren de Vancouver a Toronto en The Canadian, así como el balance final y algunos trucos y recomendaciones para el viaje.

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